Era el año 2008, suena tan lejano, pero si checamos la fecha en que esto está siendo publicado fue hace tan solo un año. Exactamente un año, en el mes de julio, el inicio para ser precisos. Los seres humanos son pero tan extraños, que aun no salen de un problema en su interior cuando ya están por entrar en otro, un clavo saca otro clavo es lo que dicen, pero consideremos que para seguir este principio, hay que hacer un agujero desde otra parte o hacer más grande el que ya está hecho. De todas maneras salimos heridos, una y otra vez.
A veces la herida duele, a veces te enoja, a veces te mata. Siempre te afecta. Depende de la persona si saca el dolor, si lo guarda, si lo ahoga. Algunos elegimos uno de esos tres caminos, yo elijo siempre los menos sanos. Primero lo ahogo, luego lo guardo, y después de un tiempo lo saco; lo grito, lo lloro, lo canto, lo escribo, pero termina por salir.
Era una noche fría de 13 de febrero, viernes. Había quedado con mis amigos músicos de ir a dar serenatas, y les había advertido que yo daría una por cierto. Invité al Pocho, mi amigo y socio de negocios, a lo que el creía que sería una noche de serenatas para otras personas.
Antes de la música tendríamos que jugar Fútbol Rápido, un juego en el que solo asistimos cuatro jugadores y perdimos por una goliza de antología. Mala señal, mal comienzo. Pero eso no me iba a detener. Hacía más de tres años que no daba una serenata, tenía todo listo, chocolates, una carta, las canciones perfectas, la escena era perfecta.
Después de las citas pactadas tocaba mi turno. Llegamos a la casa de la chica, en un barrio no muy hospitalario por cierto. Comenzamos justo cuando el frío arreciaba con más fuerza. Pero tocamos con todo el estilo, cada nota me salía del fondo del alma. La música fue perfecta, pero después de un par de canciones no había respuesta. Era momento de recurrir a la red de protección, la llamada al celular. No hubo respuesta. Dos canciones más y nada; dos llamadas más y nada.
Más frío... más decepciones... la cara del Pocho lo decía todo, un "te lo dije" disfrazado. Era hora de irse a casa, y no regresar más por el mismo camino. La experiencia en sí merecía no solo una canción, tal vez el soundtrack completo de una película de esas en las que todo sale mal, pero al final te das cuenta que así era como debía ser. Lo malo es que para mí el final se presentó después de una enorme borrachera dos días después y una sesión de composición que duró toda una noche unos meses después de la decepción.
No era un corazón roto, era un alma enojada, con la situación más que con la persona. Pero aún así cuesta aceptar una derrota, sobre todo si ni siquiera te dejaron entrar al partido. Aceptar el hecho fue lo más difícil, pero la derrota se convirtió en victoria al ser la madre de una canción tan fuerte rítmica y melódicamente.
"Hey There" que se traduce como "Hola, qué hay por allá", es el grito desesperado pidiendo una respuesta. Un sí, o un no definitivo. Pedir una chance, que no fue dada finalmente, hizo que aquella persona se cerrara la puerta a una oportunidad que pudo habernos hecho felices a los dos, que hubiera cambiado nuestras vidas. Pero tal vez en lugar de una canción tan fuerte, hubiera resultado alguna canción tan suave y cursi como los cientos de canciones que se componen día tras día. La situación duele, pero también los partos duelen, y de ambos surgen cosas que valen la pena. Esta canción es la hija de una decepción, pero será la madre de más éxitos para mí y para la banda.
Yo no hablo, yo no escribo regularmente, lo bueno o malo que me pasa lo guardo. Sirve para ser ecuánime en muchas situaciones, pero terminas por explotar. "Hey There" es el resultado de la explosión, que eran tantas emociones guardadas que un día terminaron por no dejarme dormir. Tomé a Melyinda, mi guitarra eléctrica, tomé papel y lápiz, y comencé a gritar en silencio. Todas las líneas son reales, todas me aplican, eso que se escucha ahí soy yo. El miedo a la derrota, el frío físico en esa noche y el frío en el alma después de los hechos. Los lamentos, las solicitudes, todo eso sucedió, todo eso estuvo guardado por algún tiempo.
Grabar la canción para la maqueta de Stylero Pantanero no fue fácil. Fue escrita en Fa, luego cambiada a Sol, pero se parecía a otra canción en su estructura y la regresamos a Fa. El fuego en la interpretación resultó en el estudio, porque la batería podía darle esa expresión que se buscaba, y el ritmo que se escogió y grabó finalmente es exactamente lo que la canción pedía. Este tema fue grabado dos veces por errores de cuadratura, y se requirieron más de ocho tomas completas de la voz, y decenas de correcciones en frases, sobre todo al final cuando el propio Pocho me asistió en el cambio de palabras para mejorar el fraseo y la pronunciación.
He aquí el tema en sí:
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